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El Cuento de la Criada: historia de ficción para unos y cruda realidad para otros
Por María Fernanda Gelves Jaimes
¿Cómo es que hay tantas personas malas? ¿El hombre nace malo o la sociedad lo corrompe? En El cuento de la criada, desde mi punto de vista, nos enseñan que la respuesta sugerida a esa pregunta es: la sociedad. En este futuro distópico, que toma hechos históricos lejanos y no tan lejanos, se nos enseña cómo es que las personas con el poder económico, de los medios y armamentístico pueden, en tan poco tiempo, convertir un país en un campo de exterminio en busca de sus propios beneficios e ideales morales, distorsionados y manchados por ellos mismos.
En ese universo ficticio vemos una caza de brujas que ya existió en el mundo real en diferentes épocas; Salem, por ejemplo. En este caso conocido alrededor del mundo, bajo el mismo fanatismo religioso que vemos en la serie, se perseguían mujeres que tuvieran criterio propio y pensaran diferente al discurso patriarcal. Sin embargo, en el caso de El cuento de la criada, las mujeres no son sometidas a la muerte directa, sino a los caprichos y deseos claramente mundanos de la élite, a violaciones, a maltratos y a trabajos forzados e inhumanos que son una sentencia de muerte.
Está claro que también se inspira en la Alemania nazi, un régimen totalitarista en el que se buscaba producir niños para familias de la élite. En el programa Lebesborn, creado y llevado a cabo durante el régimen nazi, al igual que en la serie, secuestraban miles de niños para ser criados en familias alemanas; las mujeres que no pertenecían al régimen eran usadas como herramientas biológicas de reproducción de hijos, todo bajo un sistema y estructura patriarcal sembrado desde el odio y el fanatismo, que promovían la violación como escalera hacia la reproducción de una “población perfecta”. Educados todos igual y al son de un “Hail Hitler”, una frase corta pero muy dogmática al igual que “¡Bendito sea el fruto! ¡Que el señor Madure!”.
No vayamos tan lejos en la historia; avancemos un poco más con la Revolución Islámica de 1979 y la pérdida de los derechos de la mujer Irani de la noche a la mañana. Recapitulemos y resumamos: tal como en la serie, pero en distintas fechas, las mujeres iraníes gozaban de los derechos básicos que tenemos, por ejemplo, aquí en Colombia actualmente como el derecho al divorcio, a que las niñas no se casen antes de sus 18 años y la educación para mujeres y hombres. Sin embargo, meses atrás se venían presentando luchas entre el ayatolá Jomeini, un clérigo tradicionalista, y la población más conservadora mostrando su inconformidad sobre el actual régimen, pues lo veían como promotor de la “cultura occidental corrupta” -pensamiento claramente fundamentado en la religión ultraconservadora de este país-. Como en la serie, las mujeres veían estos cambios y fue el 7 de marzo de 1979 cuando Jomeini llegó al poder y lanza su primer decreto que dice que el uso del hiyab era obligatorio para todas las mujeres en sus lugares de trabajo y oficinas. ¿No nos recuerda este velo a una vestimenta dentro de la serie? Al igual que en la serie, las mujeres iraníes también se pronunciaron con marchas el 8 de marzo después del decreto; no obstante, las fuerzas armadas silenciaron a las protestantes con violencia. Entre el código de vestimenta implantado, la pérdida de derechos civiles y las restricciones laborales y sociales, para 1981 la pérdida de la autonomía de las mujeres era inminente, pues ahora le pertenecían al nuevo régimen teocrático y a los hombres. La edad legal de matrimonio para las niñas se redujo de los 18 a los 9 años; en la serie esto también se ve reflejado con el papel que interpreta Sydney Sweeney. Se les prohibió ejercer cargos gubernamentales y se les empezó por prohibir ciertas ramas de la educación y más tarde, en 1983, como si no fuera suficiente, se aprobaron leyes que establecen castigos corporales, por ejemplo, 74 latigazos para aquellas mujeres que aparecieran en público sin el hiyab. ¿Se parece esto a los castigos públicos que les proporcionaban a las criadas no es así? Sigamos con este país desprovisto de derechos para las mujeres, pues creo que es la distopía actual más bárbara de la que nació gran parte de la serie.
Los “ojos” son una entidad que no nace de esta ficción, aunque también lo vimos en otras creaciones ficticias como 1984 de George Orwell, donde todos eran vigilados las 24 horas, los 7 días de la semana por “El Gran Hermano”, y solo en pequeños lapsos de tiempo, en lugares recónditos o que parecen apartados, se podían mantener conversaciones fuera del régimen. Esta entidad que está en permanente vigilancia del cumplimiento de reglas también existe en nuestra vida real y, sí, también la sufren las mujeres iraníes. Su nombre es “La policía de la moralidad” y oficialmente es reconocida en Irán como las Patrullas de Orientación; la realidad supera la ficción. Estas patrullas se encargan de vigilar y hacer cumplir todos los códigos de conducta y vestimenta impuestos ¿Y cómo mantienen el orden y la represión? Intimidando, agrediendo, segregando y encarcelando mujeres que se salten, o que ellos que se saltan la norma. Quién diría que algo tan inhumano no fuera sacado de la ficción, sino que la ficción se inspiró en la realidad.
¿Y qué es lo más indignante y tenebroso de todo este recopilatorio? Mucha gente piensa que la serie solo se trata de exageraciones y ficción, cuando por el contrario son problemas que enfrentan mujeres iraníes desde hace décadas en su vida cotidiana, y que muchas otras mujeres alrededor del mundo también sufren en silencio. Esto no es un cuento de ficción que nace de una idea creativa y pesimista; es una realidad histórica que ha sido retratada de la forma más cruda para generar conciencia de una realidad de la que no somos conscientes, pues no es la nuestra. También expone la banalidad del mal, la forma en que las personas de arriba pueden mostrarse como salvadores mientras son nuestros verdugos, que nos hacen creer como sociedad que para darnos un trato digno o un trato humano debemos merecerlo con la obediencia y con la sumisión; que el resultado del esfuerzo trabajado va, en mayor parte, a aquellos que están en un nivel más arriba que nosotros. Nos muestra además lapsos del pasado y el camino hasta ese presente que viven June y las criadas, donde el caos aumenta gradualmente y no somos conscientes de la opresión hasta que nos vemos afectados por ella. Un universo donde el síndrome de Estocolmo se normaliza, pues en un lugar donde siempre se vive ultrajado y despreciado, cualquier pequeño gesto de humanidad que enseñan nuestros propios agresores o sus cómplices se vuelve admirable.
Nuestro país no vive una realidad igual a la de El cuento de la criada o igual a la de Irán, sin embargo, no está absuelta de vivirla o de recrear elementos dentro de ella. Si países como Rumania o Francia, que se consideran países bien desarrollados, tenían decretos que prohibian el aborto y los anticonceptivos -en el caso de Rumania- con el objetivo de aumentar la natalidad, se acercaron a una de las realidades de la serie. En nuestro propio país somos igual o más propensos a sufrir de estos dogmas ideológicos y conservadores.
Colombia corre peligro de caer en ideas ultraconservadoras, basadas en dogmas religiosos, machistas y opresoras. Este problema se ve alimentado por ideales tradicionales tóxicos que vuelven a la actualidad disfrazados de tendencias y aesthetics, grupos religiosos que promueven ciegamente la segregación y la intolerancia, la falta de historia en las aulas escolares y el encubrimiento de atrocidades y noticias nacionales contundentes. Tener presente que somos un país vulnerable, que debe luchar constantemente por el respeto de sus derechos, la supervivencia y la integridad de sus habitantes, es clave para no caer ni tolerar este tipo de mandatos y, en dado caso, saber desarmar su estructura populista y totalitaria con conciencia social y resistencia.
Mientras escribía este ensayo y divagaba entre ideas y preguntas, me surgió una de que me dejó pensando sobre esta paradoja humana: Si la sociedad es quien corrompe al hombre, pues los problemas, desigualdades y violencia influyen en su visión y actuar, ¿quién o qué corrompe la sociedad? Es como esa pregunta de qué fue primero, ¿el huevo o la gallina? Pues personajes como Nick se nos muestran cómo obligados a tomar un rol de victimario dentro de esa sociedad distópica, pero personajes como los integrantes de la élite o Fred ya eran incorrectos antes del régimen. ¿Es culpa de la iglesia como institución? ¿Y quién la creó? ¿Es culpa de ciertas ideas? ¿Y de dónde surgieron? ¿Y de quién o de dónde surge la idea de sociedad? Yo misma aún no tengo una respuesta final, pero es interesante la disertación que haces contigo mismo cuando cuestionas y asemejas la impresionante ficción con la cruda realidad.