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El reflejo de un mundo distópico es nuestra realidad
Por Néstor Julián Méndez Gómez
Pareciera estar diciendo una locura a la hora de comparar la realidad con un relato ficticio donde gobiernan el caos, la desesperación y la incertidumbre. Sin embargo, si analizamos en detalle la serie The Handmaid's Tale, en relación con algunos de los acontecimientos sucedidos en la obra y el mundo en que vivimos, estos mismos no están tan lejos de nuestra realidad.
Cuando observamos este universo, se nos muestra que las mujeres pierden el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su reproducción. Relacionado con el mundo actual y con los incesantes debates de si la mujer debería tener el derecho de abortar, sumado al hecho de las imposiciones de roles de género y de cómo deberían comportarse las mujeres, refuerzan las miradas de un poder que anhela controlar a sectores de la población de manera autoritaria.
Lo que nos lleva comparar a Gilead (el país del relato) con dictaduras a lo largo de la historia del planeta y gobiernos autoritarios que sobrepasan cualquier pensamiento ficticio, en donde no existe libertad de expresión ni participación política justa, además de tener censura de medios de comunicación. Algo que se resalta mucho es la persecución de opositores; casos como el mandato dictatorial de Corea del Norte son ejemplo y representación de una nación opresiva que solo le importa el poder y control, además de aislarse del resto del mundo para poder cumplir sus objetivos, creando su propia realidad haciendo que el pueblo desee tener una salida hacia otros países u otras fronteras en búsqueda de una vida mejor. Algunos otros mandatos autoritarios que fueron también en tiempos de guerra, como el nazismo. son ejemplos de que no solo sucede en la actualidad, sino que ya ha ocurrido en tiempos anteriores y pudieron haber servido de inspiración a la hora de escribir sobre una distopía. Referente a esto, el papel de los medios de comunicación dentro de la pieza audiovisual empieza a ser la de manipular la información mediática y crear burbujas de control de informativo, lo que influye en el pensamiento colectivo y poder mantener aquella distopía a costa de aquellos que no están bien posicionados en la escala jerárquica; lo que nos hace, una vez más, asemejarlo con nuestra realidad.
La religión juega un papel fundamental a la hora de hacer este tipo de relaciones. Se hace evidente las creencias como método de control y de represión, además de la discriminación hacia personas que no tienen la misma creencia que grupos mayores de la sociedad, utilizando las normas religiosas para contraponerlas a los derechos humanos, representando ideologías y pensamientos de una forma errada para fomentar actitudes convenientes para los regímenes opresivos y justificar cada una de sus acciones con que son designios divinos o son acorde a los ritos que se tengan.
De manera consecuente, existe una parte tanto en la sociedad como en la serie donde se manifiesta una resistencia social alrededor de todo lo que se manifiesta y las injusticias proporcionadas por la estructura que controla el poder, donde la vigilancia y la presión mediática se vuelve un pilar fundamental para seguir con la estructura y juegos de poder.
La sociedad de nuestro mundo es un vivo reflejo de lo que se muestra en la serie: situaciones que podrían pasar o situaciones que ya han pasado y que a lo largo del tiempo vuelven a repetirse. Sin embargo, podemos concientizar a las presentes y futuras generaciones de abrir un poco más la mente y tener un pensamiento crítico frente a todas las circunstancias que rodean a la sociedad, siendo esta el escenario de nuestra vida constante y la clave del éxito que tanto anhelamos como comunidad.