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Entre la polarización y la desinformación: el verdadero reto democrático

Entre la polarización y la desinformación: el verdadero reto democrático

25 Jun 2026, 13:43 — Felipe Arenas

Por: Michelle Nathalia Hernández Garzón, Estudiante de séptimo semestre de Comunicación Social

 

A pocos meses de las votaciones, la atención se encuentra dispersa entre los candidatos, partidos, izquierda, derecha, centro e inclusive la maquinaria invisible que define el rumbo de la población: la desinformación y el termómetro de polarización que mete el dedo en la llaga del país. El escenario de desinformación en el que se citan las elecciones se convierte en una amenaza: las redes sociales, las cadenas de WhatsApp y los titulares manipuladores y amarillistas circulan a una velocidad alarmante, moldeando las diferentes visiones y opiniones de la esfera pública y los debates programáticos.

 

El ciudadano de a pie, entonces, se enfrenta a un laberinto de datos incompletos, rumores y verdades a medias que se encargan de distorsionar el ejercicio de un voto consciente. No solo está en juego quiénes tendrán el poder y dirigirán el país, sino también qué impacto tiene este ejercicio en un país marcado por la polarización, la desigualdad, la violencia y la desconfianza hacia las instituciones. Los retos son enormes, por un lado, tenemos la apatía política que alimenta el desencanto hacía los líderes de promesas vacías y partidos que reciclan propuestas que no ofrecen cambios reales.

 

Las campañas terminan privilegiando y apostando cuánto pánico o división pueden sembrar, por encima de los consensos. En los territorios más desamparados por el Estado, las elecciones no se tratan de derecha o izquierda, sino de una lucha por la garantía de los derechos básicos. Además de esta problemática, surge la necesidad de un voto informado que supere el clientelismo y de pensar cómo juega la democracia en municipios que son escenarios de violencia, corrupción y exclusión.

 

La brecha política es evidente: mientras en las ciudades centrales el debate se reduce a izquierda o derecha, en otras regiones se clama por soluciones reales a las problemáticas estructurales. La desconexión entre los discursos y las realidades se refuerzan aún más, ya que el país se mueve en diferentes direcciones: la élite política y la mediática, y las comunidades que viven a diario entre la violencia marginal y la precariedad.

 

El panorama es más complejo; no se trata solo de nombres o de las encuestas semanales. El trabajo ahora es realizar un análisis crítico y transparente en medio de los rumores y la polarización. El papel de la ciudadanía es crucial, pues el voto no se trata solo de un trámite dominado por el desconocimiento y por periodos largos de tiempo. En Colombia es necesario recuperar el rumbo sobre las elecciones, con base en votos informados y conscientes, sustentados en la reflexión y la investigación activa, para un ejercicio realista y acorde a las necesidades colectivas que surgen en la esfera pública.

 

La democracia, en definitiva, no solo se trata de tarjetones o tamales, sino de la capacidad de la ciudadanía y la sociedad colombiana descentralizada de apropiarse de la verdad, exigir veracidad y transparencia, frente a la participación activa y crítica en los debates y espacios públicos. Solo con un compromiso real y desinteresado en los posibles beneficios individuales que se puedan tener frente a un político, o no, es necesario realizar una transformación sistemática, estructural y electoral, capaz de renovar la cultura política como oportunidad colectiva para construir un país más incluyente, justo y políticamente decente.